BLOC DE RECURSOS PER A PRIMÀRIA

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divendres, 19 d’abril de 2013

Práctica Historia Antigua.

Esta entrada corresponde con la práctica de Historia Antigua.

ARA PACIS


     <<Cuando regresé a Roma de Hispania y de la Galia tras haber realizado en estas provincias con fortuna la labor que   me había propuesto, el Senado acordó consagrar en el Campo de Marte el Ara de la Paz Augusta por mi regreso, y ordenó que los magistrados, los sacerdotes y las vírgenes vestales hiciesen en ella un sacrificio anual.>>

Res gestae divi Augusti.

 
     El 4 de julio del año 13 a. C. el Senado había tomado una resolución parecida: levantar en honor de Augusto el Ara Fortunae Reduncis para celebrar su feliz retorno de Oriente. En este caso el ara se había levantado junto a la Puerta Capena, por donde el emperador había hecho su entrada viniendo del sur de Italia; ahora venía del norte, por la Vía Flaminia, y el ara se alzó al borde de la puerta correspondiente.

     La construcción del altar, por decisión del propio Augusto, tuvo lugar al norte del Campo Marcio, en una zona próxima al confín sagrado de la ciudad (pomerium) donde quince años antes Octaviano quiso edificar su mausoleo.

      Durante la construcción del Palacio Peretti, hacia 1568, aparecieron nueve placas de mármol con relieves que fueron adquiridos por la familia de los Medicis, sin que nadie los relacionase con el Ara Pacis. Después, no se tienen más noticias del altar hasta 1859, cuando el palacio Peretti, que había pasado a manos del duque de Fiano, requirió obras de consolidación que sacaron a la luz la base del altar y los numerosos fragmentos esculpidos más. No se extrajeron todos "por la estrechez del sitio y por temor a poner en peligro los muros del palacio". En aquella ocasión se recuperaron numerosos fragmentos del friso ornamentado. 

     Sólo en 1903, tras el reconocimiento del Ara por parte de Friedrich Von Duhn, se solicitó al Ministro de la Pública Instrucción poder reemprender las excavaciones. Las labores de las excavaciones fueron posible gracias a la generosa oferta del nuevo propietario, Edoardo Almagià, quien además de autorizar la exploración, ayudó generosamente a sufragar los gastos de las excavaciones y donó todos los hallazgos.

     En julio de 1903, con las obras en marcha, se decidió que las condiciones de trabajo eran extremadamente complejas y que a largo plazo podrían afectar la estabilidad del edificio. Cuando se llevaba explorada la mitad del monumento y se habían recuperado 53 fragmentos se decidió interrumpir las excavaciones. En febrero de 1937, el Consejo de Ministros en vistas al segundo milenario del nacimiento de Augusto, decretó la continuación de las excavaciones utilizando tecnologías vanguardistas.
Entre junio y septiembre de 1938 contemporáneamente a las excavaciones, se erigía el pabellón de Lungotevere destinado a albergar la reconstrucción del Ara Pacis. El 23 de septiembre, el día mismo de la clausura del año augusteo, Mussolini inauguró el monumento.




 Análisis del Ara Pacis.

     El Ara Pacis es un edificio se alza sobre un alto pedestal escalonado, dentro de un recinto murado de 11 por 10 metros, casi cuadrado, y con dos puertas de acceso, una al este y otra al oeste (hoy norte y sur de la reconstrucción). 

 
     El muro de demarcación del espacio sagrado – témenos en griego, templum en latín-, parece por dentro la copia de una valla de tablas verticales, coronada por un ancho friso de bucráneos y guirnaldas de frutos y follaje, tratados a la forma romana, en tramos curvos que se ensanchan gradualmente de los extremos al centro.

     Las frutas de las guirnaldas son propias del verano y el otoño: espigas de trigo, manzanas, peras, granadas, higos, bayas, nueces, bellotas, aceitunas, piñas, uvas, frutos silvestres y cultivados, cada uno con su follaje característico y siempre desiguales, aunque sujetos a la simetría de la composición; vistos de perfil en los extremos, de frente en el centro de cada una de las veinte combas. En el seno de todas ellas cuelga de la pared una pátera de metal, con su interior decorado en unos casos por lengüetas, en otros por una roseta, alrededor de su respectivo umbo.

     El zócalo de tablas tiene en su parte externa un revestimiento vegetal de origen helenístico a base de roleos de acanto, poblados de una variada fauna. Nunca el relieve antiguo hizo una ostentación floral de esta magnitud.

     Augusto y toda la maquinaria de su propaganda tenían interés sumo en recalcar la hermandad de la Pax Augusta y de la Victoria Augusta. Allí estaban el Templo de Mars Ultor y el Foro del Princeps para recordar el origen militar del pueblo romano y de la nueva dinastía.
  
     En uno de los relieves del Ara, por desgracia muy destruido, estaba Marte observando complacido el cuadro idílico de la loba amamantando a sus hijos gemelos en la cueva del Lupercal, en el momento en que el pastor Faustulo realizaba su pasmoso descubrimiento.



  
     Frente a él, al otro lado de la puerta principal del recinto, el troyano Eneas, realiza en otro relieve el sacrificio previo al de la cerda de los treinta lechones, uno por cada una de las ciudades filiales del Alba Longa. Este relieve está casi íntegro. Vestido de toga sin túnica, el pater Aeneas realiza la ofrenda de frutos en presencia de los penates de Troya sobre un altar rústico y asistido por dos jóvenes romanos, vestidos anacrónicamente como si fuesen de la Roma de Augusto. Las figuras míticas de Eneas y de su hijo Julo-Ascanio, el antecesor epónimo de la Gens Iulia, se fundían así con la juventud romana del momento de la creación del Ara Pacis; el pasado y la actualidad se entrelazaban.


 
     Si observamos a Augusto y Eneas veremos grandes semejanzas, los dos con la misma talla, los dos con la cabeza velada, ambos en la función de rex sacrorum, ministros del sacrificio inminente, tan religiosos el uno como el otro y caracterizados por su piedad, la pietas erga deos. No hay duda de la intención: con esos importantes pormenores fueron ejecutados. Encabezaba Augusto una larga procesión que como la de la Panateneas, en la Acrópolis, se dirigía en dos columnas a las puertas del templo. En los relieves se podía ver el Princeps, a su familia, a sus amigos y colaboradores dirigiéndose al sacrificio en solemne cortejo. Un senado agradecido y un pueblo regenerado asistirían al acto.






     El nuevo régimen estaba en la paz con los dioses y con los hombres. El hacha de la guerra había quedado sepultada en Accio y lo que ahora interesaba era implantar el reinado de la paz. La Tierra respondía generosa, en primer lugar la de Italia, la Saturnia Tellus, a quien está dedicada la placa de uno de los relieves más hermosos del arte romano.

     Tellus está sentada en compañía de sus criaturas en un rústico trono de rocas. Su porte majestuoso y su actitud reposada, la equiparan a Venus, la Aeneadum genetrix romana, como la saludaba Lucrecio. Dos ninfas acuáticas, una simbolizando el mar y otra como un cisne surgida de los ríos y las fuentes, la flanquean como las alas de un tríptico.






     Frente a él se encontraba otro, muy mal conservado, ocupado por Dea Roma, una vez más la Roma guerrera como contrapartida a la Roma pacífica.







     ¿Queréis ver como sería el Ara Pacis en época de Augusto? Mirar este vídeo donde aparece coloreada.






Para realizar un tour virtual 3D, clica aquí: http://tourvirtuale.arapacis.it/eng/index.html 








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